lunes, 25 de febrero de 2019

El carnaval de Montecristi en los hombros de su niñez


Willian Baldayaque


Ayer en el desfile de carnaval vi los rostros de estos niños, y me remontaron al patio de mi tía Tolana, donde su hijo Papo Peña me ponía a guayar el carbón para posteriormente echarle agua y de ahí sacar el líquido negro para pintarme cada domingo de carnaval. Recuerdo echarle agua a la acuarela para crear los demás colores que igual ¨Papo¨, usaba para pintar rostros de los demás niños y personaje que salían.

Recuerdo salir sin permiso detrás de cada ¨TITI¨ por los colmados del barrio, para lograr atrapar dos o tres monedas que lanzaban. Todos sabían el coro a seguir, ya que el ¨TITI¨, brinda honores a todas las figuras y colmados, cantando: El mejor colmado, ese eh… El mejor señor, ese eh… el mejor negocio, ese eh…, en fin todo eran los mejores contar de que dieran algo de moneas. Igual las comparsas que en breves minutos realizaban un drama que concluía con un mensaje y una solicitud de colaboración.

Las competencias en la cancha Bienvenida Socias, la premiación al mejor ¨Toro¨, el mejor ¨Civil¨, las comparsas creativas y coloridas de cada barrio, llenaban a Montecristi todo el mes de febrero. Éramos algo más que el romo, la cerveza y el artista en tarima de hoy…

Muchas tradiciones de esta que viví, han muerto. Papo Peña, Nixon Sánchez, Tony Carrasco, el mismo Santos Vásquez, José Datt y otros eran parte de esas tradiciones, pero las autoridades se encargaron de dejar que mueran y no le brindaron los espacios para que ellos continuaran creyendo que valía la pena dedicarse al arte y la cultura.  

Los rostros de esos niños nos indican que tenemos una responsabilidad como padres, de no dejar que muera ese espíritu y cada febrero llevarlos al carnaval disfrazados, porque si no seremos parte responsable del entierro total de nuestras tradiciones. 




 
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