Sobre el Dr. Juan Enrique Kunhart Oleaga

Por.- Willian Baldayaque
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Creo que al único medico al cual no le tenia temor cuando mi madre me llevaba a consulta era al Dr. Kunhart, y esto se debe a que nunca en sus consultas se vio en la necesidad de inyectarme. La idea de que a uno de niño le instroducieran esa aguja, era motivo de ver el mismo infierno.
Para él era suficiente revisar con su estetoscopio cada parte del cuerpo y realizar preguntas a mi madre sobre los síntomas y la cantidad de día padeciéndolo.
Nunca fue necesario mandar hacer análisis costosos a la clínica, como se hace hoy en día. Nunca fue necesario que mis padres se pusieran las manos en la cabeza para buscar dinero como hoy en día sucede, hasta para una gripe.
El diagnostico como profesional era inmediato. su capacidad, su profesionalidad, su experiencias o su don, porque creo que fue un don que Dios le otorgo para bendecir a Montecristi, eran su única herramienta en el consultorio de su hogar.
Recuerdo que una vez un tío mio de un campo bien lejano de Puerto Plata, vino así como venían cientos de personas de toda parte del país. Y le dijo simple y llanamente que si volvía en un año, se iba a salvar. Justamente luego del año, cumpliéndose el día de la cita murió. Demostrando la misteriosa habilidad de discernir más allá que los métodos científicos creado por el hombre.
Pero no solo su área era la medicina. Mi madre me contó que en una ocasión fue a consultarse para que la evaluara, ya que no se sentía bien y el diagnostico era que no tenia nada, y que su problema era de tristeza y preocupaciones, por lo que le dio un consejo que hasta hoy valora. Demostrando gran habilidad y sensibilidad humana.
No olvidar la canción de Luis Vargas, sobre la mujer del machetazo, cuando dice que fue atendida por Kunhart que le respondió : Esa mujer llévenla para Santiago que esa no la cura ni el Diablo, como una forma jocosa de describirle y demostrar su capacidad.
A la fecha ese hombre por las autoridades no ha sido reconocido en sus justa dimensión, que permita que una nueva generación de médicos y profesionales tenga un referente de servicios, de abnegación, desprendimiento y amor por lo demás, en un mundo donde el egoísmo, la falta de solidaridad, la apatía y el sálvese quién pueda, prima.
En la semana pasada fue aprobada en primera lectura la iniciativa sometida por el Senador Heinz Vieluf para que el nombre del hospital Padre Fantino sea cambiado al nombre del reconocido doctor por su labor filantrópica.
No sera lo que merece, pero al menos es un inicio de agradecimiento por sus años de servicios desinteresado por esta humildad provincia, de la cual nunca se quiso ir más.
Si hay un paraíso, un cielo, un lugar para los grandes seres humano, creo que el Dr. Kunhardt ya tiene su lugar ganado.

 
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