La necesidad tiene cara de hereje

Por.- Isabel Emilia Rosario 

Durante mi niñez y adolescencia escuché a mi abuela decir esta frase para referirse a las cosas a las cuales una persona se ve obligada hacer solo por necesidad.

Hoy extrapolando esta frase a la situación que vive nuestro país con la descontrolada migración haitiana, puedo afirmar que lo dicho por mi abuela con un tono jocoso, es cierto.

Quien si no es por necesidad, deja su país, sus hijos, su familia, sus amigos y toma el riesgo de cruzar una frontera conocida por los atropellos y extorsiones que cometen los llamados a cumplir la ley.

Quien si no es por necesidad, viene a un país donde se habla una lengua distinta a la suya y se emplea en los trabajos más paupérrimos solo por tener una forma de sobrevivir y enviarle dinero a esos hijos y a esa familia que dejaron atrás.

Discriminamos a los haitianos por su falta de educación, desconociendo nosotros que la educación en Haití es un privilegio.

Rechazamos la presencia haitiana en el país, pero enviamos a nuestros parientes a parir a Estados Unidos para que los niños obtengan la doble nacionalidad y nos inclinamos reverentes ante los europeos blancos que nos visitan.

Acusamos a los haitianos de invadirnos, pero se ha detenido usted por un momento a pensar quien les ha permitido ingresar a territorio dominicano y quienes son los que más se benefician de esta situación. Les aseguro que no son los haitianos.

Los mayores beneficiados del ingreso descontrolado de haitianos son los guardias que usan sus cargos para cobrar una "cuota de paso"; los choferes y cobradores de guagua, que les hacen pagar un pasaje por encima del valor normal; el empresariado dominicano que emplea haitianos a los cuales no tienen que inscribir en una ARL o ARS y encima le pagan una miseria, lo que les deja a estos empresarios, contratistas e ingenieros; grandes márgenes de ganancias, vaya a las fincas bananeras, a las parcelas de arroz, a las construcciones de obras del estado y se dará cuenta de lo que digo.

Y que decir de este gobierno, la inmigración ilegal es producto de la corrupción rampante que se ha establecido en todo el país. Mientras no terminemos con la corrupción y la impunidad que nos arropa, será imposible detener la inmigración ilegal no solo haitiana, sino también de otras nacionalidades.

Habiendo dejado esto por establecido y ya para finalizar, a modo de consejo, antes de mostrar su odio disfrazado de patriotismo, entienda que no son los haitianos los culpables del desastre en la educación, en la sanidad, en la falta de recogida de basura y otros servicios deficientes que tenemos. No son los haitianos que quieren saquear nuestro oro y níquel. No son haitianos los que han endeudado al país. No son haitianos los que nos roban los cuartos del erario público. No son ellos los que se están adueñando de nuestras playas y grandes extensiones de terrenos con compras de oportunidades. Los haitianos no tienen sueldos de millones como el gobernador del Banco Central, ni tienen pensiones de lujo.

 
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